Por Mabel Lozano

Esta es una frase o dicho muy popular y antiguo que todos hemos escuchado en innumerables ocasiones para referirse a las mujeres que ejercen la prostitución.

En los últimos diez años trabajando como cineasta contra la trata para la explotación sexual, he entrevistado a muchas mujeres y niñas de múltiples nacionalidades que habían sido prostituidas en nuestro país, y nunca las he visto alegres ni me han hablado de alegría, por el contrario, he visto y escuchado las mayores desgracias y atrocidades cometidas contra un ser humano.

Porque, ¿dónde está la alegría de unas mujeres que son obligadas a vender su cuerpo en contra de su voluntad? Mujeres que tienen que someterse a un desconocido que la compra y que, a veces, paga no solo por sexo, sino por humillar, pegar y maltratar a una mujer.

Mujeres a las que les han robado su vida y su dignidad, pero que son obligadas a sonreír para que el varón putero esté contento y las alquile, aunque en muchos casos esos hombres sean conscientes de que son esclavas.

Mujeres que son una propiedad, un objeto, mujeres completamente desnudas de derechos, a las que se les alquila una y otra vez para satisfacer la demanda del sexo para beneficio de los dueños y amos de la trata y la prostitución en nuestro país.

Porque la trata y la prostitución van de la mano, hay muy poca prostitución que se ejerza libremente. En muchos casos se ejerce por múltiples circunstancias que te encuentras en tu camino, por eso son muy pocas las mujeres que deciden con libertad ser prostituta. Falta de recursos, violencia, engaños, promesas falsas y, como dice un amigo que trabajo en “el ambiente”, los proxenetas saben tender una tela de araña para cazar a sus víctimas. Estas en un principio se creen libres; pero, pasado el tiempo, se dan cuenta de que también son prisioneras de la situación, sin encontrar más salida que seguir en la prostitución.

Todo está estudiado para ganar mucho dinero a costa de las mujeres, sean “voluntarias” o víctimas de trata, unas son explotadas y otras secuestradas.

Las víctimas de trata están secuestradas detrás de las luces de neón de los puticlubes, las mujeres no solo sufren explotación sino también cautiverio y privación de libertad. Así me lo contaba Estela, una víctima paraguaya que, por salir a la puerta del club en Alicante donde su cuerpo era vendido una y otra vez, tenía que abonar la suma de 150 euros, además de pagar 70 euros –la diaria– todos los días al club por dormir, comer, sábanas, toallas, preservativos… Además de las multas que pone el club primero para hacer más caja, pero también para controlar y manipular a las mujeres, que se vuelven más sumisas por el miedo a incrementar la deuda contraída con sus amos. Se abusa por su estado de precariedad, necesidad y el miedo a que les pase algo a sus hijos o a su familia.

Los mejores socios de los proxenetas y explotadores son los clientes. La negativa por parte de estos a la realidad es una manera de justificarse, su escudo ante la sociedad y ellos mismos. Su rechazo a las campañas de sensibilización contra la trata y explotación sexual les crea una sensación de bienestar interno para no sentirse culpables y cómplices de esta vulneración de derechos humanos. Pero la mayoría sabe lo que ocurre detrás de las luces de neón, saben de las deudas de las víctimas, de los sistemas de multas y de su situación de máxima vulnerabilidad.

El mal llamado “cliente” se escuda en la frase “mujeres de vida alegre” para negar la realidad, también en que es el oficio más antiguo del mundo y que es un negocio como otro cualquiera donde las mujeres están por propia voluntad, porque les gusta el dinero y el sexo, todo pura hipocresía para justificarse y negar la realidad de las víctimas.

Algo que además fomentan los clubes ofreciendo fiestas, música, luces de colores y copas baratas para demostrar que todo es fiesta y alegría detrás de las luces de colores, donde nosotros decimos que hay dolor y esclavitud.

Los hombres ven mujeres libres con sonrisas falsas pintadas de carmín; ven discotecas, copas y alegría, y ven mujeres libres, no ven o no quieren ver las tremendas cadenas que tienen.

Esto quiere decir que las personas que nos dedicamos a la sensibilización contra este delito lo estamos haciendo muy mal, no estamos llegando al demandante, que por cierto es cada vez más joven, nuestras campañas de información y sensibilización no les llegan porque no lo ven o no quieren verlo, hay mucho desconocimiento de la realidad y, como digo, para los jóvenes esto está relacionado con la fiesta y el ocio, por otra parte este delito es maquillado por los grandes intereses económicos, no en vano es el segundo negocio mas lucrativo del mundo tras el trafico de armas y ahora por delante del narcotráfico.

No seas cómplice, no mires para otro lado.

#conlatratanohaytrato